¿Por qué no mojan Agüero y Forlán?

No pretendo repetir lo que siempre digo del Atlético de Madrid. Bueno, lo haré de forma breve, sólo para contextualizar este artículo. Pienso, como vengo diciendo desde años atrás, que los colchoneros tienen un equipazo arriba, una media nada fuera de lo normal y una línea de atrás vulgar, aunque haya mejorado este año con la incorporación de Asenjo. Por eso no me extrañó que fuera a Málaga y le metieran tres… Sin embargo, hay cosas que no cuadran en el equipo de Abel. Lo lógico es que el Atlético, por sus malos defensores, reciba muchos goles, pero también que haga incluso más, debido a la mucha y excelente dinamita que atesora.
El hecho de que el Atlético fuera incapaz de ganar a un Racing con diez y al Apoel chipriota, exige esbozar un análisis mucho más profundo de lo que se venia diciendo, al menos yo, hasta ahora. La pregunta es obvia: ¿cómo puede ser posible que Agüero, Forlán o Simao Sabrosa no le metan un gol al campeón chipriota? Creo que la respuesta da para rato, pero tengo tiempo y quiero mojarme.
Obviamente algo falla si a los monstruos que hay arriba se les encasquilla el gatillo. “El fútbol es un estado de ánimo”, dicen en ocasiones algunos veteranos curtidos en mil batallas. Es una frase recurrente, sí, pero no por ello menos cierta. Parece absurdo decir esto, pero en ocasiones da la sensación que el balón entrará lamiendo el palo en vez de impactar en él, si el jugador está crecido psicológicamente. Cuando uno tiene confianza le sale todo, eso es así. Y no solo ocurre en el fútbol, pasa en la vida misma, en nuestros trabajos y relaciones sociales.
En ocasiones los aficionados al fútbol tendemos a idolatrar a los jugadores hasta un punto extremo. Se nos olvida que los futbolistas son personas, que van al supermercado, compran la prensa y salen a dar un paseo como cualquiera de nosotros, incluso las estrellas. Dando por hecho que los jugadores no son seres extranaturales, podemos coincidir en que son permeables en torno al ambiente que respiran y, para bien o para mal, se contagian del mismo, también dentro del terreno de juego.
Efectivamente, los futbolistas no son máquinas ajenas a pitos y bochornos, aunque es cierto que existen hombres de personalidad privilegiada, en este caso siempre pienso en Eto’o, que son capaces de motivarse en situaciones de adversidad extrema. Es obvio, en mi opinión, que lo que se viene cociendo en el Vicente Calderón en las últimas semanas no beneficia en nada al jugador. La derrota en Málaga desató todo tipo de críticas, los aficionados comenzaron a movilizarse en contra de la directiva, convocaron una manifestación antes del partido, Cerezo retó con una desacertada ironía a la hinchada, Miguel Ángel Gil mandó una carta inoportuna y luego rectificó al instante… Todo eso se lo han comido los futbolistas, y a saber que cosas más. La atmósfera propició que se creara una obligatoriedad, de vida o muerte, de sumar tres puntos ante el Racing, una presión desmedida y absurda para la plantilla, cuando esto no ha hecho más que empezar. Bajo mi punto de vista, este factor es algo que inevitablemente ha repercutido negativamente en los jugadores.
Resulta evidente que los pitos de la afición no van para Forlán, por poner un ejemplo. Pero es obvio que Cerezo y Miguel Ángel Gil le darían mil recaditos al uruguayo y sus compañeros, haciéndoles ver lo trascendental de la cita del pasado sábado. Y eso es cargar las espaldas de los jugadores innecesariamente, cuando sólo empieza el campeonato, lo que desemboca en errores de gente que no suele fallar, provocados quizás por la tensión que se nota en el ambiente. Cuando un jugador sale con miedo al campo, pocas veces logra su objetivo. Eso también nos pasa a todos.
Hay cosas que no termino de entender en la afición del atlético. Si tanto rechazo hay por la familia Gil, rechazo obviamente lógico por la desastrosa gestión realizada en la última década, pese a las dos últimas clasificaciones Champions, me pregunto por qué no hubo movilizaciones al final de la pasada campaña. Por qué no hubo manifestaciones en verano, antes de que el cuero echase a rodar y se cargarse el ambiente de crispación con el campeonato en juego. Quizás todo se deba a que la clasificación in extremis a la Champions tapara el bosque de fondo, es posible, pero tengo claro que ése era el momento para reivindicar y alzar la voz, no ahora, cuando están en juego los puntos y la situación requiere unión por el bien común.
Considero que lo que necesita el Atlético es normalidad social. Es obvio que la gestión deportiva de este equipo es lamentable. ¿Por qué no se invierte de una vez por todas en unos buenos defensas? Inexplicable. ¿Por qué no se invierte en un mediocentro con ingenio que haga jugar a los demás? Inexplicable. ¿Quizás se hubiera tenido que vender a un crack? Es posible, y no veo problema en ello. Ya se vendió a Torres y el equipo creció en su conjunto. Valencia, Sevilla u Olymìque de Lyon han sido en los últimos años clubes que han vendido y han crecido simultáneamente, aprovechando los ingresos por estrellas para compensar sus planteles. Pero volviendo al Atlético, es del todo cierto que estamos ante un plantel tremendamente descompensado y que hay responsables en torno a esta situación. Sí, eso es obvio. También es obvio que hay culpables que tienen nombres y apellidos. Pero por qué los gritos se producen ahora y no hace un mes. Ahora los gritos, sin duda, no convienen, los pitos descentran a las 22 botas que pisan el verde, generan una presión extra al comienzo de la película y crean un ambiente donde trabajar en condiciones se hace complicado. Sólo así se entiende que Forlán y Agüero no mojen contra un vulgar APOEL, por más que Jurado luego diga en la zona mixta que los chipriotas son un equipo con mucha experiencia… Los propios atléticos, todos, tienen que solucionar esto, porque la situación requiere calma… Y cuando termine la temporada, entonces sí, que se de toda la guerra del mundo.