Atleti, ¿te olvidaste de la Liga?
He llegado a leer que los números del Atlético en esta Liga son muy parecidos a los del año del descenso a Segunda. Sea como fuere, los del Manzanares, esta vez sí, con Quique a la cabeza, están teorizando y ejecutando los movimientos más avanzados en materia de ridícula indiferencia. Ridícula, porque apenas si conocen otros métodos para andar sobre los charcos; indiferencia, la que es y no es, la que aparece y se va, la que marca Forlán y deshace Perea. Más indiferencia, la que desprende el Atleti cada vez que Agüero se queda calentando el banquillo. Ridículo, el hecho de jugar un día sí y otro no, un día con un mediocentro, otro con dos y a veces, como en Santander, con tres. Ante la desesperación, inventos.
Quien escribe del Atleti corre el peligro de parecer absurdo, incoherente e incluso contradictorio. Desde luego, todo ello está justificado, pues es prácticamente lo único que el Atlético plantea con algo de sobriedad, una locura propia que transmite y contagia. Es así hasta en los buenos momentos, como en la ida de su semifinal copera ante el Racing, cuando cuatro goles acabaron empañados por una actuación arbitral polémica. Y El Sardinero fue una prolongación de las protestas racinguistas, que otra vez claman al cielo pidiendo vergüenza y ‘neverazo’ después de sentirse doblemente perjudicados. Hasta su técnico, Portugal, reaccionó y dejó la tranquilidad a un lado: “El arbitro ha estado de puta madre para el Atlético los dos días”. De esta forma, un equipo que sufre perjuicios a menudo es capaz de quedar representado ante todos como un ladrón infame.
Por todo lo que no ofrece, este grupo descabezado llega a parecer impasible. Nadie ha de tener reparos por leer que este conjunto es mediocre; sin embargo, hay quien se escandaliza. Situémonos en medio. El término mediocre tiene dos acepciones: tirando a malo y de calidad media. Ciertamente, el Atlético lleva una temporada mediocre, en general, tirando a mala, no hay duda. Pero se empeña en confundir a todos intercalando partidos horrendos con demostraciones de superación, no hay calidad media propiamente dicha. Y es ahí donde el colchonero, buen aficionado, se deja engañar. No le queda otra si quiere disfrutar aunque sea un poco. Piensen que hasta en la Copa, donde aún le queda dar el do de pecho en la vuelta de semifinales, ha alternado fracasos rotundos con remontadas delirantes, como contra el Recreativo. La alteración del ánimo de que habla Quique.
Ningún atlético que se precie es capaz de saber con certeza con qué actitud saltarán los jugadores al campo; ni siquiera con qué estilo de juego. No puede adivinar si algún pase llevará maldad implícita, ni si las caras se terciarán blancas o rojas. Pero cuando un atlético encara la alineación y ve que el ‘Kun’ no está en el once inicial, se autoconvence de que el panorama será desolador. Al comparar al Atlético con otros equipos, hay que tener en cuenta las aspiraciones de unos y otros; y es que hay a quien le sobra con el mero hecho de estar. Pero el Atlético está construido para mirar a Europa; es una suposición creada a base de muchas mentiras, cierto, pero no deja de ser una suposición, algo que se da por sentado. Por eso, es triste para el aficionado ver el estado en que se encuentra la obra de Gil y compañía. Y futbolísticamente hablando, ni Forlán ni Simao, otrora temibles, están en condiciones para ejercer de líderes.
Estos dos duelos ante el Racing han servido para contrastar dos versiones bien distintas. Una, la de Copa, bastante buena. Pero la del domingo en la Liga fue una medianía, situada entre dos extremos, sus dos colmos. Pasado mañana puede verse cualquier cosa, pero con el ‘Kun’ presumiblemente como titular —para eso lo reservó Quique, pero huyamos ahora de otro debate, o no— el Atlético debe cubrirse con sus mejores complementos si no quiere que su traje de gala quede en evidencia como un simple ropaje de calle. Ante tales perspectivas, los seguidores colchoneros sufren una auténtica crisis de identidad; no con sus colores, que, seguro, se refugian en algún rincón inexpugnable, sino con el ser pero no estar al que se encuentran sometidos. Pero esto no tiene una solución inminente…, mientras tanto, que Perea les ampare.