Chygrynskiy: bueno, bonito y… caro
Puestos a no entender ventas de futbolistas, vamos a también no entender compras de futbolistas. Si se critica al Real Madrid por ponerle un lazo y regalar al Inter a Sneijder, critiquemos al Barcelona por fichar un central por la friolera de 25 millones de euros, que no digo que no sea muy bueno, algo que al contrario que Pep Guardiola desconozco, pero sí que es un pelín patético que por ese precio no vaya incluida su participación en la próxima Champions League, de la que hoy, por cierto, se sortean los emparejamientos.
Dmytro Chygrynskiy, futbolista con un nombre tan difícil de pronunciar correctamente como de escribir con atino a la primera, lleva sonando como futurible desde hace ya varias semanas. Las justas y necesarias como para haber evitado que hubiese jugado con el Shakhtar Donetsk la previa de la máxima competición continental, de la cual, además, cayó eliminado, y las justas y necesarias para evitar que llegue al Barça a apenas horas de que arranque el campeonato doméstico, sin prácticamente tiempo de aclimatarse a un nuevo país, un nuevo club y unos nuevos compañeros.
Si desde ¡junio! se sabía que Chygrynskiy colmaba las expectativas de Pep, ¿por qué no se fichó antes? ¿Por qué se ha tenido que esperar a que no sea válido para la Champions y, aún así, desembolsar tal cantidad de dinero? Porque ya puede ser el mejor central del mundo, pero que te quiten 25 kilos y que su concurso en la competición más importante no sea un hecho, dejan entrever un cierto aroma a error en las negociaciones. Porque una cosa es tomárselas con ‘tri-tranquilidad’ y otra algo distinta es hacerlas con ‘tri-parsimonia’. Porque luego así queda el cuadro, algo desdibujado.
Y ojo, porque la broma –perdón, el fichaje- dicen los medios que no se hará oficial hasta el sábado. Ello quiere decir, o se intuye que quiere decir, que los ucranianos no se chupan el dedo y pretenden que Chygrynskiy todavía juegue la Supercopa de Europa del viernes… ¡contra el Barça! Ya sólo faltaría eso: que la juegue, que la gane y ya, para rizar el rizo, que algún delantero blaugrana lo lesione.
A todo esto, sólo espero, por el bien del Barça, que la apuesta personal de Guardiola le salga mejor que alguna anterior y de procedencia también algo inhabitual. Llamémosle Hleb, llamémosle equis.
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