El Atlético vapulea al Racing.
“Este equipo ya ha demostrado que es capaz de levantarse de un bofetón y aplicar otra conducta y respuesta; confiamos en eso”, dijo Quique Flores el miercóles. Pues, gran conocedor del espíritu resucitador que comparte vestuario con ellos, acertó. Aunque seguramente, por más que el madrileño sea propenso a soñar en las previas, no esperaba un escenario tan propicio para resurgir. A los nueve minutos, centro picadito de Agüero y voleón imparable de Simao para hacer el 1-0 y vengar a su compatriota Tiago, que justo un minuto antes había estrellado un balón en la madera. Era otro Atlético, presente e inquieto, con ganas de resarcirse. Comenzaba a surtir efecto el bofetón del Málaga.
Cuán poco acostumbrado estará Agüero a los centros medidos, que tuvo en su cabeza el dos a cero y tropezó consigo mismo. Ujfalusi estaba engrasado y funcionaba a las mil maravillas por la derecha. En pocos minutos el Atleti había dejado de ser ‘rostro pálido’ para recobrar en su cara ese color rojo propio de las grandes noches. Aunque, como era de esperar, algún susto cayó por su área. Primero, con un penalti por mano de Antonio López que el árbitro seguramente no vio. Y segundo, con un remate de Xisco a centro de Munitis que bien pudo ser el empate. Si la intención atlética era sobrevivir a las grandes ideas del joven Canales, debía hacer daño. Y avisó antes de hacerlo. En el 36, Coltorti salva un disparo cruzado de Forlán; en el 38, jugada muy parecida a la del primer gol que Simao remata alta; y en el 40, el 2-0, Simao centra desde la izquierda y el balón se pasea por delante de toda la defensa racinguista, hasta que, rechazado, cae en los pies de Reyes.
Recreo feliz para el sevillano, pero tres minutos duró vivo tras la reanudación: esguince de rodilla y un mes de baja. Mala noticia, sin duda, para el conjunto rojiblanco. Con la entrada de Tchité ganó presencia el Racing arriba, pero el Atlético no fue el desastre de otras noches. Simao estuvo a punto de hacer el tercero, pero su disparo de falta se estrelló en el poste. Y es que el protagonismo del tercer gol estaba reservado para Matéu Lahoz. Vaya error del árbitro valenciano al señalar como penalti una falta a Jurado que, claramente y por varios metros, se produjo fuera del área. El linier no le contradijo y Forlán no iba a ser menos, marcando desde los once metros el 3-0. No puede hablarse de Villarato, pero sí de un error de órdago. Como de órdago fue el penalti de Torrejón al ‘Kun’ poco después; demasiado claro para no pitarlo. De nuevo el uruguayo clavó el disparo y sentenció el encuentro. Debe andar muy mal anímicamente el ‘Cacha’, pues celebra cada gol buscando el banquillo y todos acuden a darle mimos descaradamente.
No tuvo una buena noche el Racing, que se vio superado por las intenciones atléticas, y se marchó del Calderón con cuatro goles y un robo. En el Atlético, muy bien Assunçao, Tiago, Agüero y Ujfalusi. También Perea estuvo seguro en el marcaje, y los atléticos, agradecidos, le aplauden a la mínima, aunque despeje una y otra vez a la grada. Tiene una deuda de confianza consigo mismo el defensa colombiano, que disfruta haciendo volar el balón y tiembla cada vez que se lo encuentra a ras de suelo. Es un peligro constante, incluso en sus partidos buenos. Y genial de nuevo De Gea, seguro por alto y con intervenciones magníficas, como una parada de reflejos a Toni Moral. Merecieron el triunfo los de Quique y el fútbol fue justo, aunque el Racing tenga cuentas pendientes con la justicia arbitral.