El bloque de cemento y el talento encorsetado

Estatua futbolista

Corría el año 1991 y el Estrella Roja, en el que se encontraban futbolistas como Prosinecki, Savicevic, Pancev, Mihajlovic o Jugovic, se enfrentaría en la final de la por entonces Copa de Europa al Olympique de Marsella. El club de Belgrado se proclamaría finalmente campeón de Europa tras vencer en la tanda de penaltis. Minutos antes del choque, el entrenador de los de Belgrado, Ljupko Petrovic, tuvo una palabra para sus jugadores: “Divertíos”.

El fútbol ha cambiado. Las pizarras son protagonistas y la táctica domina sobre el esférico, el papel de la libreta sobre el verde del césped y el bloque sobre el talento de los futbolistas. El fútbol es un deporte de equipo y éste ha de actuar como tal, ya que es el colectivo el que gana los partidos y los futbolistas han de prestar sus argumentos en pos de la victoria de todos, pero queda la impresión de que el sacrificio es a veces excesivo y el precio se paga a la hora de ver un partido.

En los últimos años la figura del entrenador ha cobrado su máxima dimensión, siempre fue importante pero se mantenía a la sombra de sus futbolistas, quienes eran los verdaderos protagonistas de la función. Ahora un equipo se parece más a la idea de un técnico que a la cara de sus futbolistas, y eso que son once contra uno.

Admiro a un equipo donde todos reman en la misma dirección y en el que cada cual sabe perfectamente su papel, en el que las ausencias apenas se notan cuando sus sustitutos se saben también importantes y conocen el papel que han de desempeñar, en el que la solidaridad y el compañerismo son notas predominantes en el día a día. Pero también admiro el talento puro de un futbolista, ése por el que un aficionado paga la entrada, ése que da la vuelta a un partido con una genialidad. A ese futbolista hay que adaptarle a una idea, pero nunca someterlo.

Es una gran virtud en un entrenador saber sacar el mejor rendimiento a lo que tiene a su disposición sin acatarse a ideas férreas ni a un discurso invariable. Es evidente que no siempre tendrán la posibilidad de tener en su equipo a jugadores de enorme calidad técnica ni a genios del balón, y en el fútbol han de coexistir varios estilos de modo que se enfrenten entre sí y sea el terreno de juego y el gol quienes diriman la contienda, pero la tendencia en los últimos años es buscar la victoria a través de armar un bloque férreo y compacto donde se aprende antes a ganar que a jugar bien, donde el talento y el balón son actores secundarios en beneficio del marcador.

No obstante los límites son necesarios y el futbolista ha de adaptarse a un equipo. Recuerdo el caso de Rivaldo, quien llegó a ser el mejor jugador del mundo de la mano de un Van Gaal que le ubicaba en la izquierda, donde el brasileño aseguraba no sentirse a gusto. Llegó Serra Ferrer y con él el capricho concedido a Rivaldo de jugar por el centro con libertad de movimientos. Ahí comenzó su declive. Siempre los futbolistas han de saber que juegan para un equipo y no para ellos mismos, que cuando esto último sucede a la larga pierden ambos, equipo y futbolista.

El entrenador ha de saber también por su parte que los futbolistas han de tener su espacio, que pueden tener la libertad de crear y de improvisar como un actor en un día inspirado. La victoria es al fin y al cabo lo más importante, pero el fútbol encandila gracias al balón. El futbolista ha de saltar al campo a disfrutar del partido, el fútbol es su trabajo, pero también su pasión. Si un equipo alcanza la victoria gana el club, si los futbolistas se divierten ganamos todos.

Foto | Daquella manera

Fuente:
El bloque de cemento y el talento encorsetado

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