El nombre del día: Gyan, Suárez, Muslera y el ‘Loco’ Abreu, los protagonistas del final de película

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Lo que ocurrió esta noche a partir del minuto 120 de la prórroga de los cuartos de final entre Ghana y Uruguay es una de esas historias protagonizada por un elenco de actores del que no puedes destacar a un protagonista principal. Lo que ocurrió esta noche en el Soccer City fue una tragicomedia en la que cada personaje jugó un papel crucial, así que, con vuestro permiso y el de la tradición, no destacaré sólo a uno, sino que intentaré crear un collage. Antes de nada, no os perdáis la narración de los hechos de mi compañero Dani Iglesias, con mucho lo mejor que he leído al respecto esta noche. Aprovechando que él ya nos ha introducido en la historia, yo me centraré en la acción y la pasión de los hombres cuya vida hoy ha cambiado.

Luis Suárez tuvo que tomar una decisión tan rápida que en ella no hay nada de racional, sino que es instinto puro. Meter la mano o no es prácticamente una cuestión genética. Es lógico que se alabe el sacrificio de Suárez, pues con su gesto ha hipotecado su participación en una histórica semifinal por el bien común. Pero, sin pretender psicoanalizar a nadie, no sé hasta qué punto el jugador del Ajax actúo en consecuencia; como digo, creo que fue una cuestión de instinto. Salvó el gol metiendo sus manos: penalti y expulsión. Suárez abandonó el campo tapando con la camiseta unas lágrimas que posiblemente llegaron a mojar el escudo.

Mientras tanto, Asamoah Gyan se preparaba para lanzar un penalti que era mucho más que un lanzamiento desde los nueve metros. Todo el continente africano contuvo la respiración. Un solo paso para avanzar un gran trecho en el camino abierto por héroes como Roger Milla o George Weah. Ghana podía hacer historia al convertirse en la primera selección africana en llegar a unas semifinales del Mundial. Un penalti en el último minuto. Tan cerca… y tan lejos. Asamoah Gyan lanzó el penalti al larguero. Quince míseros centímetros hicieron que Las Estrellas Negras se cayeran del cielo. Como deportivista, intento multiplicar lo que yo sentí aquel 14 de Mayo del 94 por lo que vale un Mundial, intento ponerme en el lugar de un país cuya población es incluso inferior a la pequeña A Coruña, y seguramente me quedo corto.

Cuando el larguero repelió el tiro de Gyan, toda Uruguay saltó de alegría. El primero Luis Suárez, cuya desesperada acción había servido para algo: los charrúas aún no estaban muertos. El árbitro pitó el final y llamó a lanzar los penaltis. Como mandan los cánones, los mejores lanzadores deben tirar el primero y el último. Óscar Tabárez respetó la tradición y escogió a Diego Forlán para iniciar la tanda. Tras anotarlo, un hombre con mayúsculas dio un paso adelante. Asamoah Gyan, aquel que había fallado la pena máxima en el tiempo de descuento de la segunda parte de la prórroga, era el primero entre los suyos en tomar la responsabilidad de lanzar un penalti. Yo no tengo duda: lo recordaré más por este acto de valentía posterior que por el error que cometió anteriormente y así contaré la historia en el futuro.

El jugador del Rennes escogió el mismo lanzamiento y no falló esta vez —¡Ole sus cojones!—. Enfrentando el destino de cara, nos dio la sensación de que había conjurado a los malos espíritus para colocar la tocada moral de Ghana en iguales condiciones a la uruguaya. Se llegó sin fallos al tercer turno de los ghaneses pero entonces le fallaron las piernas a Mensah y Muslera le paró el tiro. Si Uruguay marcaba el siguiente se ponía por delante en una eliminatoria en la que acababa de estar al borde del abismo. Sin embargo, Maxi Pereira se sumó a la tragicomedia mandando su penalti a una grada que lo recibió como agua de mayo. En los pies de Adiyiah, aquel al que Luis Suárez le paró con las manos el tiro que se colaba en la portería charrúa, estaba el igualar la tanda. Pero falló o, más bien, Muslera le hizo un paradón, el segundo en su haber, resarciéndose del gol que Muntari le había colado desde su casa y poniendo a Uruguay en una situación increíble unos minutos atrás. De estar a nueve metros de morir a estar a nueve metros de seguir soñando.

Entonces apareció Sebastián Abreu, El Loco Abreu, aquel jugador que se dio a conocer en España por haber fallado un gol cantado que Marcelo Araujo hizo famoso al narrarlo con pocas pero elocuentes palabras. Después de haberlo visto decenas de veces en Riazor, no tenía el menor recuerdo de que fuera zurdo. Eso fue en lo único que pensé cuando lo vi perfilarse para lanzar el que podía ser el último penalti. Haciendo honor a su apodo, escogió la suerte del Panenka y la parábola fue tan perfecta que la red devolvió el balón suave y perfectamente recto a través de la bisectriz de tierra con la que los porteros marcan el centro de la portería. Un Panenka sólo es un verdadero Panenka en un momento así, en una tanda de penaltis, en una final —como hizo Zidane hace cuatro años—… ¿Quién mejor que un Loco para obrar un milagro?

Foto | Adriano Agulló
En NdF | Uruguay se impone a Ghana con un final de película

Fuente:
El nombre del día: Gyan, Suárez, Muslera y el ‘Loco’ Abreu, los protagonistas del final de película

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One comment

  1. futbollium
    #1

    Un final tan sorprendente como el propio cruce de cuartos entre estas dos selecciones por las que nadie apostaba verlas llegar tan lejos .

    Un saludo

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