El vídeo del día: un beso vale más que mil palabras
Iker y Sara: dos chicos guapísimos que tienen una relación. Casillas y Carbonero: dos pedazos de profesionales como la copa de un pino. Tras la inesperada derrota contra Suiza, Carbonero entrevistó a Casillas —no Sara a Iker— y no se cortó y le hizo las preguntas que había que hacerle. Al día siguiente, ese panfleto que no sirve ni de papel higiénico titulado The Times, comenzó a echar mierda, hablando de que “la Inquisición Española culpaba a Carbonero de la derrota de España”.
Por extraño que parezca, en España se le dio bola al asunto, y hasta el presidente de la Asociación de la Prensa de Madrid metió el dedo en la yaga. Es difícil imaginarse lo mal que lo habrán pasado Iker y Sara: en lo más alto de sus carreras, una espiral de mierda sin ningún sentido les puso en una situación que no debe ser nada fácil de llevar. Pero fueron pasando los partidos y la Selección Española fue avanzando. En cuartos, Casillas resurgió cual Ave Fénix y paró un penalti que nos salvó la vida. Ahí estaba, nuestro Capitán, nuestro Santo, salvándonos una vez más…
Y llegó la final: la gloria a un paso. 116 minutos de sufrimiento hasta que Andrés Iniesta metió el gol de nuestras vidas. Entonces, Casillas no pudo contener las lágrimas. Holanda echó el resto —lástima de tiempo perdido…— pero los defensas de Iker sacaron todo. Los minutos parecieron eternos en el reloj de ese impresentable llamado Howard Webb hasta que tuvo a bien pitar el final. Y Casillas seguía llorando, incapaz de contener la emoción. Uno a uno, todos sus compañeros se acercaron a besarle, a abrazarle, a consolarle, a agradecerle… Llegó la hora de subir a por la Copa y la tripulación puso al Capitán en el altar. E Iker levantó la Copa que nos corona como Campeones del Mundo ante la brillante mirada de millones y millones de españoles.
Un rato después, los jugadores comenzaron a atender a la prensa. Como no podía ser de otra manera, la televisión propietaria de los derechos de retransmisión en abierto quiso tener al Capitán. Y allí fue Casillas, pero ya no era sólo Casillas, era, sobre todo, Iker. Sara quiso ser sólo la periodista Carbonero, pero Iker estaba tan exultante como emocionado. Ante el micrófono se acordó de sus padres, de su hermano… y se le quebró la voz. Carbonero quiso darle una salida —“Hablemos de fútbol…”—, pero Iker no cedió y quiso seguir honrando a los suyos. Con un pequeño hilo de voz, quiso terminar la dedicatoria: “…a mis amigos y a ti”, dijo de manera casi imperceptible. Y entonces agarró a Sara, su novia, la chica que había sufrido a su lado, y la besó: primero en la boca, pura pasión, y después en la mejilla, puro cariño.
Y se fue de allí más contento que unas castañuelas, mientras a Sara se le escapaba un significativo “Madre mía…”, e intentó seguir siendo sólo la periodista Carbonero, rematando la conexión como buenamente pudo. Habían sufrido mucho desde que los ventajistas y acomplejados los escogieron como carnaza, pero no levantaron la voz y siguieron a lo suyo. Hasta que ayer, en el momento más importante de su carrera, Casillas quiso vengarse de todos esos idiotas con un simple beso que vale más que mil palabras.
Vídeo | YouTube

