España: el triunfo del colectivo

España Copa Mundial

Que el fútbol es un deporte de equipo es una verdad difícil de rebatir, pero que las individualidades marcan las diferencias es un hecho que tiene difícil contradicción. Es complicado encontrar un equipo que haya sido campeón de cualquier competición sin formar un once en el que todos remen en la misma dirección, en el que todos jueguen a lo mismo y en el que cada uno conozca a la perfección cuál es su cometido, pero también es complicado encontrar equipos campeones en los que no exista ese jugador que se desmarque por encima del resto, aquél al que acudir en momentos complicados. Sin embargo, España ha ganado el mayor trofeo del planeta fútbol sin una estrella que destaque sobre el resto, ya que su figura es el colectivo.

En los mundiales no es difícil encontrar futbolistas que fueron grandes artífices para que su selección alzase la copa de campeones: Maradona en el Mundial’86 es quizá el mejor exponente ya que él se erigió en el faro en el que la albiceleste se guió hacia la consecución del título. Pelé, a pesar de estar rodeado de grandes jugadores, es sin duda uno de los mejores futbolistas que han visto los mundiales con 12 goles en 14 partidos repartidos en cuatro mundiales de los que ganó tres. Como ejemplos más recientes tenemos a Zidane con Francia en 1998 o a Romario y Ronaldo con Brasil en 1994 y 2002, respectivamente. Son jugadores que a pesar de estar incluidos en onces de gran calidad eran las grandes figuras de aquellos equipos.

Fuera del fútbol de selecciones, y sin ir más lejos de la liga española y esta temporada, hemos visto cómo un gran equipo como el Barcelona tenía a Messi para solucionar la papeleta en los peores momentos, o cómo el Madrid se encomendaba a Cristiano Ronaldo o a los goles de Higuaín cuando los partidos se ponían cuesta arriba.

Sin embargo, en este mundial hemos visto cómo muchos de los mejores futbolistas del momento eran incapaces de brillar como de ellos se esperaba: Cristiano Ronaldo ha completado un gris mundial con Portugal. Messi, a pesar de mostrar destellos de la calidad que posee, no ha sido el del Barcelona y se le ha visto encorsetado en una posición que en nada le beneficiaba. Rooney ha sido incapaz de llevar en volandas a Inglaterra como ha hecho esta temporada con el Manchester. Ribéry, tras ser la gran revelación al mundial anterior, no ha hecho ruido alguno en los tres partidos que Francia disputó. Kaka’, por su parte, no ha mejorado el rendimiento que ha mostrado esta temporada con el Real Madrid.

Ha sido éste un mundial en el que el juego colectivo ha sobresalido sobre las estrellas: Uruguay se ha mostrado como un bloque férreo y eficaz bien apuntalado por dos grandes delanteros como Forlán, Balón de oro mundialista, y Luis Suárez. Holanda, a pesar de la renuncia al estilo de juego que la caracteriza y juego duro en la final aparte, ha llegado a la misma sin tanta calidad como en otras ocasiones a pesar de Sneijder y Robben, pero con otras virtudes como equipo de las que en otras citas carecían.

Ghana ha completado una de las mejores participaciones africanas en un mundial sin tener figuras que destacaron en otros países del continente como Roger Milla, Finidi o Diouf, sino destacando como equipo. Paraguay ha hecho su mejor mundial llegando a cuartos con la seguridad defensiva como estandarte y el bloque por encima de las individualidades.

Y no, ni mucho menos me olvido de los campeones. Cierto es que España tiene en Casillas al que, con confianza y seguridad, es el mejor guardameta del planeta fútbol, al mejor central de la actualidad como ha sido un imperial Piqué, a Xavi como el indiscutible mejor centrocampista organizador o a Villa como uno de los mejores delanteros del mundo, además de haber recuperado la mejor versión de Sergio Ramos, Puyol con el síndrome de Peter Pan, la versatilidad de Busquets y Xabi Alonso o un futbolista que cuando está bien mejora a todo el equipo: Andrés Iniesta.

Y es que es muy difícil destacar a uno sobre el resto. A pesar de contar España con un once lleno de grandes individualidades y el mejor banquillo de cuantos han disputado este mundial, el colectivo, la idea de juego y la misión que cada uno tenía sobre el campo han prevalecido sobre los jugadores. Cuando el partido no caminaba por los derroteros en los que se desearía no se ha encomendado España a ese futbolista que marca la diferencia en momentos límite, sino que ha sido el propio equipo quien se ha visto responsable de reconducir la situación, el once ha sido el revulsivo. Una estrella en la camiseta será la silenciosa prueba de que todo esto ocurrió.

Foto | Globovisión

Fuente:
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