Los locos hacen la fiesta y los cuerdos gozan de ella
El Vicente Calderón volvió a convertirse ayer por unos minutos en un auténtica casa de locos. Y es que a punto estuvo el Atlético de arreglar en el último cuarto de hora el desastre que para entonces había formado, cuando perdía por cero a tres merced a sendas pájaras y al buen hacer colectivo del Madrid. Agüero, que saltó del banco en el descanso, armó una revolución que despertó el espíritu de su equipo, y el de la grada, y anduvo muy cerca de conseguir el empate. Hubiese sido injusto, pues el Madrid hizo sobrados méritos para quedarse con el triunfo, pese a que las arremetidas locales le pusieron contra las cuerdas. Pero ya se sabe, entre el balón y las cuerdas está Casillas, que logró salvar este discurso en el último instante.
Es imprevisible este Atlético, pero, siempre respetuoso con la tradición, permitió que el Madrid se adelantase a los cinco minutos. El peligro se huele con dos brasileños rondando el área, uno propio y otro ajeno. El primero, Cléber, quiere sacar el balón controlado desde atrás aun rodeado de rivales, y lo pierde; el segundo, Kaká, se lo encuentra y clava un derechazo impresionante. Cierto es que pudo haber falta, pero Cléber no respetó una norma básica y su equipo se encontró un castigo excesivo a las primeras de cambio. Al menos, habrá aprendido Quique para próximos derbis que no hay que plantear el partido como un duelo normal, sino que la estrategia debe centrarse en cómo responder al primer gol madridista. El Atlético reaccionó bien, pero ayer la defensa visitante cuajó un magnífico partido, exceptuando los minutos de la locura, capaces de superar a cualquiera.
Antes del duelo, estaban claras las distancias. Durante el mismo, se confirmó que Lass y Xabi Alonso forman muy buena pareja, más para el Atleti, que poco a poco fue sumiéndose en un profundo sueño. Un sueño que Marcelo se encargó de convertir en pesadilla a los veinticinco minutos, cuando aprovechó la pasividad de la defensa local para hacer con la derecha el segundo. Fue un golpe durísimo que corroboró la teoría previa. Es lo que tiene mantener a Pablo en la plantilla. A raíz del tanto despertaron los colchoneros, pero su juego no va a ningún lado. A pesar de todo, tuvieron una oportunidad inmejorable en la última jugada de la primera mitad, pero Simao decidió disparar antes que cederle el balón a Forlán, que sólo hubiese tenido que empujarla. Casillas sigue igual, pero ni Simao ni Forlán son lo que fueron; no sólo por esta jugada, sino por detalles que saltan a la vista, como los malos controles y las peores decisiones.
El Madrid, con tantas certezas en el bolsillo, sabía que si alguien podía cambiar el sino del encuentro era el ‘Kun’ Agüero, que ingresó en el choque tras el descanso. También eran conscientes los atléticos, que, sin embargo, vieron cómo Jurado, su única pieza constructiva, se quedaba en el vestuario. Son decisiones ilógicas, marcas de la profesión. Desde luego, al Madrid le salían las cuentas, y su superioridad encontró un tremendo apoyo en el gran partido de Benzema. Con su movilidad, el francés posibilitó alternativas varias, abriendo posibilidades a ese control que el Madrid planteaba en los prodigiosos pies de Alonso. Sin desmerecer al resto, Pepe y Sergio Ramos destacaban sobremanera en la labor defensiva, y todo parecía controlado.
Antes de que fuese el propio partido el que se tirara a los brazos de la sinrazón, Perea ofertó en bandeja a Higuaín un producto irrechazable: el tercer gol. Cuando un atlético clama contra su defensa se refiere a lo estrepitoso de sus errores. Es, cuando menos, incomprensible que el colombiano se complicase la vida coqueteando con un balón que siempre le es enemigo. Es normal, sufre una torpeza crónica contra la que no hay remedio; es un mal natural, que ya Dios le dio el don de la velocidad. Pues amigo, esto que os lleváis.
Apareció entonces la figura del recuperado Agüero, quien se encargó de darle la vuelta a las sensaciones, de ‘gambetear’ con la sorpresa e incluso, el lujo, de provocar la expulsión de Ramos, un paso clave para la reacción del Atlético. En las embestidas encontró el conjunto rojiblanco la motivación, pues no sabe hacerlo de otra forma. Y ahí casi siempre moja Forlán; ayer, aprovechando un centro raso desde la derecha de Ujfalusi, inconmensurable en el derbi. Pues Agüero tardó dos minutos en sumarse a la fiesta, tras derribar al potente Pepe y convertir el dos a tres con sencillez, cruzando el esférico ante Casillas. Corría el minuto 79, y justo entonces se lo creyeron todos. El Madrid comenzó a defenderse como pudo. Raúl intentaba aguantar el balón, Alonso calmaba la pelota cuando podía, y mientras, el ímpetu local ganaba terreno.
Así llegó el tiempo de prolongación, y los cimientos del edificio blanco que tan fácil se construyó anoche quedaron a poco de derruirse. Maxi prolonga con el pecho un balón y éste le cae a Agüero para el disparo. La escena es evidente. Desde que entró, soñaba el ‘Kun’ con semejante momento, pero su remate encontró el cuerpo de Iker Casillas y la consiguiente desolación de la parroquia colchonera. No se vinieron abajo las gradas, como tampoco lo hizo el edificio blanco. Por tanto, siguen en pie las muchas excusas que sirven a unos y otros para justificar cualquier desaguisado. Al Madrid casi se le escapa un duelo que parecía amarrado, pero logró sumar tres puntos que le mantienen en lo más alto. Al Atleti, le siguen bastando algunas oleadas para disfrazar de peligro su mal juego. En fin, todo sea por fidelidad a la tradición.
Foto | J. A. García (Marca)
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Los locos hacen la fiesta y los cuerdos gozan de ella