Pep tiene deberes pendientes

Nada más lejos de mi intención el que este post se entienda como uno de esos discursos alarmistas que hablan de un Barça en crisis. Sin embargo, considero que en estos dos últimos partidos (que Iniesta calificó como “semipinchazos”) hemos podido ver algunos síntomas en el juego del equipo de Guardiola, casi todos provenientes de afecciones mal curadas el curso pasado. Obviaré lo relacionado con la mala circulación de balón (que no es tan mala, por supuesto, pero que no acaba de adquirir la velocidad de vértigo de antes) porque no añadiría nada a lo dicho por mi compañero Santi Plaza en ‘Las llaves del cerrojo’.
Además de las dichas flaquezas no corregidas, también encuentro algunas malas costumbres o manías del entrenador, además de otras carencias difíciles de entender. Comenzaré con algo que viene de un pequeño debate que iniciamos en los comentarios de la crónica del último partido de Champions.
Habiendo visto el partido y sacando conclusiones a posteriori, creo que Guardiola se equivocó en sacar a Márquez por Puyol, aunque fuera por darle descanso al capitán. Todos sabemos el gusto de Pep por los centrales con capacidad para sacar el balón desde atrás; el problema es que dicha virtud se convierta en una obsesión (odio esta palabra por culpa de aquella horrorosa canción) y que se reniegue de lo que en el anterior post Oberon llamó “central pitbull“.
Era de esperar que el Rubin Kazan no fuera a salir a presionar muy arriba, como así fue, por lo que no era totalmente necesario jugar con dos centrales con buen toque. Contra el Valencia sí jugó Puyol y el equipo che se centró en cubrir la salida de Piqué; quizá en ese partido sí hubiera merecido la pena dar la entrada a Márquez, que vio los noventa minutos desde el banquillo. Pero contra el Rubin, que te dará más problemas a la contra que en la presión, hubiera sido mejor que jugara Puyol, mucho más acostumbrado a defender al límite. Quizá él tampoco hubiera sabido parar la contra del 1-2, pero me queda la sensación de que, al menos, alguien habría acabado por el suelo: él mismo, un rival, un compañero, o todos…
Puyol no tiene mal toque de balón para salir desde atrás. Otra cosa es que no pegue esos cambios de orientación de cincuenta metros que sí hacen Piqué o el mexicano, pero bueno, salvo algún arrebato que le da a veces, lo suele hacer suficientemente bien. Esto me sirve para enlazar con otro tema: los pases largos en diagonal desde la defensa hacia los extremos.
Siempre son pases cruzados sin demasiada profundidad, buscando el hueco que deja el lateral contrario al achicar hacia el centro pero sin llegar a desbordarlo del todo. No son aquellos balones que Ronaldinho o Deco metían a la espalda de la defensa para la entrada de Giuly, sino que se limitan a ser meros cambios de orientación. Quizá la razón principal de esto sea que los extremos más utilizados por Guardiola han sido Henry y Messi. El primero tiene como primera orden táctica ensanchar el campo y se le exige mantener una posición conservadora, así que no está para desgastarse con desmarques de treinta metros. El segundo tiene como principal defecto que siempre busca el balón al pie y tiene que ver muy claro el hueco para correr a la espalda de la defensa.
Pep sabe que se va a encontrar muy a menudo con equipos que se planten alrededor de su área, ya sea con las archiconocidas dos líneas de cuatro o con otra versión de muro numantino. Por ello echo de menos que sus pupilos, sobre todo los centrocampistas, prueben más el lanzamiento desde media y larga distancia; candidatos no le faltan: Xavi la sabe poner con calidad, Keita y Touré la rompen, si uno piensa en Iniesta se acuerda de aquel glorioso último minuto en Londres, Alves… bueno, Alves la pega siempre que puede.
Me imagino que mi novia y yo no somos los únicos que nos desgañitamos una y otra vez con aquello de “¡Pero tira, hombre, tira!”, porque a veces parece que sólo les valen las combinaciones de tiralíneas metiéndose hasta la cocina. Como decía en el título de la crónica del partido del martes, el Barça corre el peligro de convertirse en víctima de su propio estilo.
Otra característica del estilo del de Santpedor es que suele hacer los cambios bastante tarde. Si bien es cierto que últimamente se ha visto obligado a sustituir a lesionados (como en los partidos contra el Almería, el Málaga o el Rácing), resulta que en los únicos partidos en los que el Barça se ha quedado sin marcar, Inter y Valencia (ambos 0-0 al final), el primer cambio no llegó hasta el minuto 77. Contra los de Mourinho sólo salió Iniesta por Henry y contra los de Emery, Bojan por Pedro y Busquets por Xavi. En ambos partidos no utilizó todos las sustituciones posibles y ninguna supuso una variación ofensiva. Esta corriente la vimos el año pasado, con contadas excepciones por exigencias de guión como el día del Chelsea.
Pep es valiente a su manera. Ha introducido audaces variantes tácticas en las alineaciones, como aquel acierto de poner a Messi por el centro en el Bernabeu o la posición de los centrales para jugar el balón desde atrás en la final de la Copa; pero sólo lo hace de inicio. Parece como si tuviera miedo a perder el control y que sólo confía en lo que está perfectamente analizado. Algo que está muy bien si uno no abjura del hecho de que ante la adversidad o ante lo impredecible tendrá que tomar decisiones osadas y basadas en el instinto. No todo el partido puede estar apuntado en la libreta.
Por último, sólo comentar un par de peligros que todavía no se han presentado. Uno es el fondo de armario; el Barça no anda sobrado de efectivos y ya han comenzado a aparecer las lesiones. No hay recambio para Alves (al menos no como para que el estilo no se resienta) y, sin Henry ni Ibrahimovic, el equipo se queda sin un nueve de referencia.
El otro es la defensa del balón parado: venimos viendo desde el final del pasada temporada y, sobre todo, durante el comienzo de ésta que la defensa en zona ha evolucionado a una mixta. Esto es: se plantan cuatro hombres al borde del área pequeña, inmóviles y mirando al balón, mientras que otros tres o cuatro se mueven alrededor del punto de penalty marcando con la vista puesta en los rematadores. Tarde o temprano los culés acabarán recibiendo goles de esta índole y se les meterá caña por ello, pero me parece un acierto total.
En NdF | Las llaves del cerrojo
En NdF | El Barça se complica la vida víctima de su propio estilo
Foto | Josep Lago, AFP
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Pep tiene deberes pendientes