Reyes y el Atleti , cambiando pitos por aplausos
No hace tanto que la parroquia del Atlético gritaba a Reyes ¡vikingo!, tachándole de indigno. Cierto es que existían razones para el descontento de los aficionados colchoneros con el rendimiento del atacante utrerano. Además, su estancia en el Manzanares estaba condicionada por su reciente paso por el Real Madrid, al que regaló un Campeonato de Liga con sus goles. El producto: un crack de escasa reputación para los atléticos. No tardaron en aparecer los efectos de las heridas provocadas —en su presentación nada menos— y, convencidos de lo difícil de su recuperación, los hinchas encontraron argumentos para señalar al sevillano como traidor.
Dos años después de su llegada al Calderón, y previo paso por el Benfica, José Antonio ha logrado redimirse, y lo ha hecho a base de buen fútbol. El domingo, contra el Barcelona, volvió a salir ovacionado por la grada, que ve en él ese jugador desequilibrante y decisivo que esperaba hace dos, incluso tres temporadas, cuando coqueteó con el Atleti antes de marcharse al eterno rival. Aquello dolió de verdad, y tal vez fuese uno de los motivos por los que muchos llegaron a pitarle, a insultarle, a odiarle. Quién sabe si la exhibición ante el campeón del mundo se debe a motivos ocultos; quién sabe si tanto derroche sólo iba destinado a hacerle un favor a su ex equipo para dejarle a dos puntos del líder… Habrá quien aún lo piense, no crean.
La certeza es que este Reyes no tiene nada que ver con el de la anterior etapa. No era necesario esperar al duelo contra el Barça para realizar esta afirmación, o igual sí, porque sirvió para que el de la carretera de Utrera diese el do de pecho ante un rival verdaderamente grande. Primero, culminó una de esas jugadas que tantas veces arranca en suelo propio para ofrecer a Forlán el primer gol de una forma genial, con un pase al hueco maravilloso, más propio de Iniesta. Después, trabajó hasta extenuarse, con calidad y compromiso, y su mayor regalo fue de nuevo, más que nunca, el aplauso unánime y esperanzado del Calderón, que le perdonó hace algún tiempo y ahora está empeñado en encumbrarle a base de vítores.
Calderón es su segundo apellido, y también se apellida así el presidente que le llevó a vestir de ‘blanco’ hace casi cuatro años. Hay que tener ojo. Aunque Calderón es ahora, exclusivamente, un templo rendido ante la evidente calidad del ‘19’, que comienza a sentirse importante. La situación llegó a ser insostenible; tanto que Reyes hubo de abandonar el equipo, y prácticamente nadie confiaba en su resarcimiento. Regresó esta temporada acompañado por otros que también habían emigrado: Cléber Santana, Jurado y Valera. Todo señalaba un paso atrás para el equipo, y, en parte, no iba descaminado este pensamiento. Pero Reyes tiene algo que los demás no, al menos cuanto él: una calidad endiablada. Y tiene también el apoyo de Quique Flores, que algo de culpa tendrá en esta operación de rescate.
Para cambiar los pitos por aplausos, Reyes hubo de soportar mil maldiciones, hubo de regatearse a sí mismo y a su propio equipo; regresar, esquivar la desconfianza de todos y de Abel Resino; alegrarse por su reencuentro con Quique, rajar de su ex técnico, ‘provocar’ la salida del admirado Maxi Rodríguez, para, por fin, reencontrarse con su mejor versión, incluso en un conjunto que sigue mostrando su peor cara con demasiada frecuencia. Ha luchado el doble para volver a ser la mitad de lo que un día nos enseñó. Eso es digno de aplauso, y el Calderón lo sabe, lo ha reconocido. El ‘vikingo’ se ha transformado en ‘indio’, y ahora la tribu le ha convertido en jefe digno de rituales tan propios del fútbol como la aclamación popular.
February 18th, 2010 at 10:17 pm
Quique ha sido el gran valedor de Reyes , y el utrerano le ha respondido . A pesar de sus encontronazos en el benfica , Quique parece saber llevar a Reyes por el buen camino .
Un saludo