Sospechosos habituales

Como si de una película se tratase, en el fútbol hay héroes y villanos, protagonistas y secundarios, tramas y subtramas. Si equiparásemos un film con el balompié, el héroe equivaldría al delantero pues el gol sería como salvar a la chica y el villano el guardameta ya que trata de evitar a toda costa que esto ocurra, mientras que la trama principal es el camino por el que el balón toque la red contraria. Por eso siempre son los delanteros los que suelen llevarse la mayoría de los flashes y los porteros están bajo sospecha de culpabilidad, ya que son ellos quienes procuran evitar lo que habitualmente es denominado “la salsa del fútbol”: el gol.
Sin que apenas nos hayamos dado cuenta hemos llegado ya a los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica y son muchos los balances que se podrían hacer con las selecciones eliminadas, las que continúan en el país africano y los protagonistas que cabría destacar. Sin embargo, hay dos aspectos que han levantado polvareda y que se han visto envueltos de polémica vuvuzelas aparte: uno es frecuente y manido como es el de los árbitros, y otro que ha generado debate es el del uso del nuevo balón: el ya célebre Jabulani.
En la F1, los mandamases tratan año tras año de favorecer el espectáculo urdiendo nuevos sistemas para, con más o menos éxito, favorecer los adelantamientos. Estos serían el equivalente al gol en el fútbol y al igual que en la máxima competición automovilística, en el deporte rey también se procura favorecer el espectáculo para que sea más atractivo de cara al espectador, y es que al fin y al cabo es el aficionado el que mantiene vivo en mayor o menor medida el éxito de los acontecimientos deportivos.
Si de favorecer el espectáculo se trata sería positivo allanar el camino a los delanteros para que estos tengan más accesible el camino del gol, pero a veces es más fácil complicar a unos que favorecer a otros, de esta manera se ha intentado varias veces enredar el juego de los porteros: hace unos años, si el defensa cedía el balón a su guardameta, éste podía coger el balón con las manos mientras que ahora este hecho se considera cesión y se penaliza con libre indirecto. Creo que ésta fue una medida positiva ya que agiliza el juego y evita interrupciones innecesarias. Ése fue también el objetivo con el máximo de seis segundos para jugar el balón una vez en las manos.
Posteriormente se trató de aumentar el tamaño de la portería, medida que finalmente no se llevó a cabo. Otra nueva norma referente a los porteros fue la de no poder adelantarse en los lanzamientos desde el punto de penalti, algo que sin embargo muchos hacen en el momento en el que el lanzador está a punto de golpear el balón. El objetivo del guardameta es claro: con un paso hacia delante el espacio que se cubre será más amplio que desde la línea de portería.

Y llegamos al Jabulani, aunque lo cierto es que este año ya vimos en la Champions un esférico con determinadas características que en ocasiones hacía imprevisible su trayectoria tras el golpeo. Bien lo saben Cristiano Ronaldo y Mandanda, guardameta del Olympìque de Marsella. Con el balón del mundial ocurre lo mismo y los guardametas tienen a veces la difícil papeleta no sólo de contrarrestar un buen disparo, sino también la de acertar con los caprichos del balón. Por supuesto habrá porteros mejores y peores y los habrá que blocan más o menos, pero la complicada trayectoria que puede tomar el balón del mundial hacen más difíciles sus intervenciones.
Imagino que la intención de los responsables es la de favorecer el espectáculo aun a costa de dificultar el trabajo de los porteros. Para el campeonato de F1 de 2009, los responsables introdujeron el sistema KERS que permitía almacenar energía, usarse posteriormente a elección del piloto y de esta manera aumentar la potencia unos segundos, con ello se pretendía favorecer los adelantamientos pero lo que consiguieron fueron inconvenientes como un exceso de peso en el monoplaza y que los pilotos se decidiesen a usarlo más para defenderse de adelantamientos que para adelantar. El Jabulani, por su parte, no sólo entorpece el trabajo de los porteros sino también el de los futbolistas, que se las ven y se las desean para controlar un balón que en ocasiones hace la guerra por su cuenta.
Si la manera de que haya más espectáculo en un partido de fútbol es hacer que el balón realice piruetas imprevisibles, mal vamos. El esférico ha de ser protagonista una vez que los futbolistas han hecho su parte, pero no por iniciativa propia. En cualquier caso, siempre que el gol esté bajo amenaza se sabe que los guardametas serán los primeros sospechosos y, con la FIFA como poli malo, se procurará que en interrogatorio declare cuál es la forma de dificultar sus intervenciones.
Foto | Olhares Mágicos
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