Otra oportunidad perdida

A primera vista, un empate en el Bernabéu, teniendo en cuenta la impresionante racha que llevaba el Real Madrid desde que perdiera en el Camp Nou el pasado mes de diciembre, no parecería un resultado tan malo. Pero el de hoy lo es para el Atlético. Lo es porque tuvo a su contrincante contra las cuerdas y porque no supo rematarlo. Lo es porque fue mejor en todo momento y porque los de Juande sólo pudieron igualar la contienda con un gol de Huntelaar en fuera de juego. Y lo es, ante todo, porque el 1-1 deja a los colchoneros la sensación de que si hoy no fue, no será nunca.

Por su parte, el Madrid no pudo hacerse con el control del partido en casi ningún momento. Obviando los primeros compases del encuentro y un tramo de unos 10 ó 15 minutos del complemento, el Atlético tuvo la victoria en sus manos y pudo haber matado a los merengues a la contra en varias ocasiones. Con un Forlán que dio una auténtica exhibición de fútbol, y un Agüero brillante pero desafortunado de cara al gol, los de Abel llevaron el pánico a la hinchada local, que por momentos veía cómo esta vez sí podía romperse el maleficio y que el vecino consiguiera ganar un derbi después de diez años.

En uno de esos contrataques de los que el Atleti se valió para llevar el peligro a la meta de Casillas, llegó el primer tanto del encuentro. Con una transición defensa-ataque inmejorable, el ‘Kun’ dejó completamente solo a Forlán al borde del área madridista; el uruguayo batió a Iker y puso a los suyos por delante en el minuto 38.

Otra oportunidad perdidaEn la segunda mitad, los rojiblancos la tuvieron para sentenciar el partido. La ineficacia de Agüero, que no supo aprovechar al máximo el buen trabajo de su compañero en la delantera, supuso un handicap que a la postre terminaría por impedir el triunfo de los del Manzanares. El propio jugador argentino tuvo la oportunidad más clara del complemento, cuando estrelló el balón en el palo izquierdo de la meta defendida por Casillas. Entre medio, Huntelaar controló el esférico en una posición privilegiada por primera vez en toda la tarde y, como era de esperar, no falló. El holandés colocó el empate en el electrónico del Bernabéu, en una jugada que debió ser anulada por el juez de línea, ya que el ex del AJAX se encontraba en clara posición ilegal.

Desde el tanto de Huntelaar, en el ‘57, hasta el final del choque, los dos lo intentaron, pero ninguno consiguió llevarse el gato al agua. Estuvo más cerca el Atlético, con la oportunidad de Agüero antes citada, con un disparo de Sinama que rozó el palo derecho del arco merengue y con una nueva ocasión desperdiciada por el 10 de los visitantes, que tras deshacerse de Cannavaro con un caño espectacular, no supo resolver ante el capitán de la selección española.

También pudo haber ganado el Madrid, si hubiera contado con la efectividad que ha venido teniendo en estas últimas fechas, pero, analizando lo que se vio en el terreno de juego, el único “perdedor” en este empate es el Atleti. Perdedor por lo que pudo ser pero que no fue, pero no por cómo deja la pelea a cada uno de los púgiles. A los del Calderón les trae buenas sensaciones para su duelo ante el Oporto del próximo miércoles; a los del Bernabéu los deja a seis puntos del Barça y con nuevas dudas que tendrán que disipar, nada más y nada menos, que en el mítico Anfield.

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La destitución de Aguirre no es la solucion

Sólo el tiempo dirá si la marcha de Javier Aguirre le vendrá o no le vendrá bien al Atleti. Lo que sí se puede percibir con claridad es la simple estrategia que han utilizado Enrique Cerezo y Miguel Ángel Gil: se despide al entrenador, se trae un hombre de la casa, se esperan un par de resultados favorables…y todos felices y a comer perdices.

Todos contentos menos el mexicano, claro está. Y es que el preparador que, doce años después, consiguió llevar al club madrileño a la Liga de Campeones, dejará la capital con un currículum infectado por una de esas artimañas que, en el contenido y no en las formas, recuerdan a otros tiempos del ‘Glorioso’. El mal juego exhibido por el equipo en las últimas semanas será lo que se recuerde dentro de unos meses o unos años, a no ser que el que venga lo haga igual o peor, algo para nada descartable a estas alturas.

Hablamos de directivos y técnicos, pero la afición del Atlético es la principal protagonista en todo esto. Ellos fueron los que mostraron su descontento con el preparador azteca y los que miraron al palco el pasado domingo. Hacia ahí deben seguir dirigiéndose las miradas. Hacia los que dirigen el cotarro y les presentan, en bandeja de plata, la cabeza del ‘Vasco’, para liberarse de toda responsabilidad.

La destitución de Aguirre no es la solucionPero no, los responsables son ellos. Son ellos los que no tienen ni idea de fútbol y los que, cuando se les ofrece un jugador que de verdad podría hacer soñar a la hinchada del Calderón, responden con un “a ese no lo conocen ni en su casa a la hora de comer”. Sueños que se diluyen entre bluffs y comisiones de representantes, capaces de vender lo que sea, sin importar si el dinero es blanco o negro. ¿O seguimos sin recordar aquella época?

Llega Abel. Un entrenador con fama de ser ultradefensivo, de que los suyos no dan espectáculo al fin y al cabo. No será él, en caso de que ocurra, el culpable del resurgimiento del Atleti. Serán los Agüero, Forlán, Maxi, Perea, Raúl García…y algunos otros que se merecen vestir la camiseta que llevan puesta cada domingo.

En el mundo del fútbol hay un dicho que, como tantos otros, está bastante extendido.

“Pasarán los entrenadores, jugadores y directivos, volverán a pasar…y quedarán los aficionados, la identidad, la historia y el escudo”.

Sin embargo, esto no ocurre en el Atlético de Madrid. En este club, pasan los técnicos, los jugadores y los dirigentes. Y vuelven a pasar. Una y otra vez. Cientos de ellos. Pero, pase quién pase, transcurran los años que transcurran, siempre queda algo. Una enfermedad, un virus, una epidemia, proveniente de una tal familia, que lleva infectando a la entidad desde hace tanto tiempo que, aunque descansen, nunca dejarán descansar a los que salen cada domingo a la cancha a defender sus colores.

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