La Premier está viva

El Liverpool no ha dicho su última palabra en la Premier. Los de Benítez se mantienen en la lucha con el Manchester United -líder con dos puntos de ventaja y un partido menos que los del Mersey-, y en buena parte es gracias a Fernando Torres, que anotó los dos tantos que le sirvieron a su equipo para imponerse a un Chelsea venido a menos.

Con un Anfield abarrotado, los locales controlaron la posesión del esférico en todo momento y fueron los únicos que dieron sensación de querer ir a por el partido. Los blues, por su parte, se mostraron seguros en defensa y consiguieron parar las acometidas de sus rivales, todas ellas iniciadas por su capitán, el omnipresente Steven Gerrard. De esta forma, los de Scolari consiguieron aguantar buena parte del encuentro sin ser acosado por el oponente, que no veía la manera de penetrar en el muro de los londinenses en el que se erigió como protagonista un brasileño llamado Alex.

Algo o alguien tenía que romper la monotonía que exhibía el ‘clásico’ inglés. Fue Frank Lampard, que, en una pelota dividida, entró en plancha y clavó sus tacos en el pie de Xabi Alonso, suspendido en el aire. Una jugada parecida con la que, años atrás, el centrocampista del Chelsea lesionó de gravedad al donostiarra. Esta vez, el colegiado Mike Riley no lo pasó por alto y expulsó a Lampard en una decisión duramente criticada por parte de los azules.

La Premier está vivaSe podría decir que, en cierto modo, tenían razón los de Londres. La entrada de Frankie se podría haber saldado, perfectamente, con una tarjeta amarilla. No obstante, los del Bridge se engañan a sí mismos si la polémica determinación del árbitro les sirve como excusa en el día de hoy. Y es que, podríamos detenernos a analizar detalladamente el esquema táctico que Felipão ha desplegado esta tarde, incluso podríamos elogiar a la siempre atenta línea defensiva de los visitantes; la cuestión es que, tarde o temprano, llegaríamos a la misma conclusión: el Chelsea no ha hecho absolutamente nada en un partido en el que se jugaba todo.

Los grandes que juegan como pequeños acaban perdiendo. Eso mismo sucedió en Anfield Road. A partir del minuto 60, momento en el que Lampard se fue a los vestuarios, el Liverpool puso cerco al área contraria e intentó de todos modos perforar la meta defendida por Petr Cech. La zaga contrincante lo despejó todo y aguantó como pudo, hasta tal punto que, a pocos minutos del final, parecía poder salir victoriosa de la batalla (da un poco de pena ver cómo un empate sin goles puede saber a triunfo para un club tan poderoso).

Se rozaba el minuto 90 y Fabio Aurelio controlaba el esférico pegado a la línea de cal de la banda izquierda del ataque de los rojos. El brasileño levantó la cabeza y no lo dudó ni un instante cuando vio a un tal rubio iniciar el desmarque; la puso en el área pequeña y el mejor delantero centro del mundo se impuso a una de las retaguardias mejor trabajadas de todo el viejo continente. Noventa minutos de trabajo tirados a la basura, todo ello por no saber advertir a tiempo que, con esa mentalidad conservadora, con esa línea de cuatro casi encima del larguero, un ariete de la calidad de Fernando Torres encontraría su momento.

Y claro que lo encontró. Y lo volvió a encontrar para anotar el segundo y redondear un marcador que, lejos de absurdas polémicas arbitrales, es totalmente justo porque premió al único que sabía lo que esta tarde se disputaba en la ciudad del Mersey. Un partido de fútbol. No una partida de ajedrez.

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