Felices fiestas con un pequeño relato futbolístico
Diego era un niño de tan sólo 11 años, más que ver un buen partido le gustaba jugar, jugar y jugar. El chaval quería parecerse a los “cracks” que veía en la televisión, Messi, Cristiano o porqué no al mejor jugador del equipo de su pequeño pueblo en el que tan sólo había un par de miles de habitantes. Era muy frecuente ver a los chavales jugar un partido en el colegio del pueblo, saltar la valla era sencillo y el director nunca decía que no a unos chicos sanos con ganas de hacer deporte, pasaban horas y horas en aquel lugar, jugando, intentando hacer los regates y malabarismos de sus ídolos. Los jubilados del pueblo se quedaban en aquella valla verde, disfrutando del juego de esos jóvenes mientras comentaban “esto si que es fútbol y no lo que hacen en Primera”, era cierto, la pasión y la legalidad con la que competían era digna de ver por cualquiera y lo hacían con el único lucro de divertirse. El día de Nochebuena mientras los padres preparaban todo para la cena, Diego quedó con sus amigos para disputar un partido para no estar aburridos en casa, le costó poco convencerlos y quedaron todos después de la siesta para disputar lo que llamaban el Torneo de Navidad, ¿el premio? cada uno ponía un euro y compraban unas coca-colas, patatas, pipas, alguna que otra empanadilla y pasaban un rato charlando y contando sus cosas. Durante el partido se dieron cuenta que había un hombre gordo, barba blanca y con el pelo muy canoso, incluso entre ellos había cachondeo, “mirad es Papa Noel” todos se percataron que ese “abuelo” no era del pueblo. Dos horas de partido y triunfo para el equipo en el que jugaba Diego, había hecho un partidazo, había conseguido siete goles y destacó con su habilidad para irse de sus amigos. Mientras descansaban y se preparaban para la mini-merienda, Diego seguía disparando a porteria, se había inventado el juego de disparar al palo, hasta que no lograra darle dos veces a los tres postes de la portería no paraba. Sus compañeros le llamaban y esperaban, todo el “público” se había marchado ya, menos uno, ese inquietante hombre de barba blanca. Diego llegó a su casa y se duchó para empezar a cenar, mientras se terminaba de hacer, él y su padre se sentaron delante de la televisión en el que un canal exclusivo de fútbol daba un reportaje sobre los dos cracks mundiales que había en la máxima categoría. Todo era fútbol, cada palabra, cada pensamiento, cada sueño que tenía era con un balón, un gol o una jugada maravillosa. Después de la cena sonó el timbre, Arturo el padre de Diego abrió la puerta y su hijo se quedó perplejo, era el hombre de barba blanca que venía a hablar con su padre. “¿No habré hecho algo malo sin darme cuenta?” resonaba en la cabeza del joven mientras comprobaba como ese enigmático hombre charlaba animosamente con el padre. “¡Diego ven!”, “ya me la he cargado” pensó y entró en el salón donde estaban sentados los dos hombres. - Diego este hombre se llama Jaume Casal y es un familiar de un compañero de trabajo, ha venido a pasar las navidades con su familia. - Hola, yo me llamo Diego. La mirada de Jaume se posó en Diego y le dijo, “te he visto jugar esta tarde y me ha gustado el toque de balón y la forma de jugar que tienes. Me gustaría preguntarte si quieres venirte a jugar a la Masia conmigo” la cara del niño era un poema, pensaba que le estaban gastando una broma, miraba al padre para buscar su aprobación. Antonio estaba emocionado, ausente, pensando todavía como asumir la propuesta que le habían hecho a su hijo, pero enseguida se dio cuenta que una oportunidad como esa, en un lugar tan pequeño, no se iba a repetir en la vida y acepto. Tenía que asumir que su hijo se marcharía lejos, pero cumpliendo uno de esos sueños que parecen imposible, era el mejor regalo de Navidad que Diego podía tener en su vida. Hay veces que esperamos los milagros de Navidad, pero no es necesario que Papa Noel aparezca para cumplir vuestros mayores deseos, desde UniversalFutbol os deseamos una Feliz Navidad y un prospero año 2012. www.universalfutbol.es
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