Un boleto para morir
Veintidós fueron las personas que murieron ayer en el estadio Houphouet-Boigny de Abiyán, capital de Costa de Marfil, poco antes de que diera comienzo el partido de clasificación para el Mundial de Sudáfrica entre los ‘elefantes’ y la selección de Malawi, que finalmente concluiría con victoria de los locales por 5-0. Así es, como lo leen, el encuentro terminó disputándose a pesar de lo que había sucedido antes del comienzo del mismo.
La causa de la tragedia es la misma que muchas veces ha provocado otras desgracias en distintos eventos deportivos, concretamente futbolísticos: una avalancha. Con un aforo de 45.000 espectadores, el recinto albergaba unas 50.000 personas en el día de ayer, mientras otras 50.000, que se dice pronto, esperaban a las afueras para poder entrar.
No hay que darle muchas vueltas a la cabeza para suponer que esa gente que aguardaba para poder presenciar el triunfo de su equipo fue estafada. La mafia en cuestión falsifica y vende las entradas y a la hora del partido no queda ni rastro de ni uno de los timadores. Los que fueron engañados exigen su derecho, el de acceder al estadio, mientras que los que supuestamente velan por la seguridad de los espectadores acaban siendo partícipes del fatal desenlace. En este caso, los gases lacrimógenos utilizados por la Policía fueron los que terminaron de llevar el caos al coliseo marfileño. El resto imagínenlo ustedes, mejor no entrar en detalles.
Los medios informan del suceso, pero nadie se para a analizar; no se ve ni un solo artículo en el que se opine sobre lo acontecido. ¿Respuestas? Ni una sola conoceremos. A pocos le interesa buscar a los culpables, esos que han provocado la muerte de 22 personas, dejando además otros 132 heridos. ¿Asesinato? ¿Homicidio? Llámenlo como ustedes quieran.
Olvidémonos de los datos y las cifras. Imaginemos por un momento ser una de esas personas que aporreaban las puertas del campo para que les dejaran pasar. Pongámonos en el lugar de cualquiera de ellos.
El dinero que se gastó para cumplir un sueño, el de ver a tu ídolo defender la camiseta de tu país, servirá ahora para que los que te estafaron, los que te mataron, tengan con qué cubrirse cuando vayan a por ellos, tengan con qué sobornar a los dos o tres que buscan respuestas.
Es triste, es lamentable y bochornoso, pero es así. El fútbol es vida y la vida es fútbol en parte. Y así es la vida, como así es el fútbol; cuando nos enseña la cara bonita es maravilloso, es una experiencia inolvidable, con la que te quedas para toda la vida. Cuando nos muestra la otra cara…
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