El día después de que el Manchester agrandara su ventaja sobre el Liverpool a seis puntos, tras imponerse al Fulham por 3-0, el diario The Guardian pregunta a sus lectores si la Premier League de este año está resultando la más aburrida desde que el campeonato inglés adoptara este nombre en 1992.
No debemos fijarnos en números y estadísticas para realizar este análisis. El fútbol va mucho más allá de eso y las sensaciones que un partido deja al aficionado a la conclusión del mismo poco tienen que ver con el récord de imbatibilidad de Van der Sar o el porcentaje de acierto de cara a portería del West Bromwich Albion.
Cierto es que esas sensaciones de las que hablábamos nos decían a principios de temporada que el torneo británico seguía siendo el mejor y el más emocionante del mundo. El Chelsea, por aquel entonces, se mostraba como un bloque compacto que sabía resolver sus compromisos con facilidad; la candidatura del Liverpool al título se hacía cada vez más fuerte y el Arsenal, siempre con sus altibajos, todavía mostraba ese buen juego que tanto le caracteriza. Todo ello, acompañado por la revelación del recién ascendido Hull City, que llegó incluso a copar la tercera posición de la tabla.
Entre Supercopa de Europa, la lesión de Cristiano Ronaldo y, posteriormente, el Mundial de Clubes, el Manchester United andaba un tanto ausente de la lucha por el liderato. Pero, a medida que los ‘diablos rojos’ iban disputando los encuentros que les restaban para igualarse en partidos jugados a los equipos restantes, los de Alex Ferguson se acercaban cada vez más peligrosamente al primer puesto de la clasificación. De hecho, la mayor ventaja que el primer clasificado le ha llevado al segundo en lo que llevamos de campaña en Inglaterra la obtuvo el propio United en el día de ayer, con su victoria ante el Fulham que les ponía seis unidades por delante de los del Mersey, como mencionábamos antes.
El puntero de este campeonato es muy distinto al que el año pasado maravilló en toda Europa. El Balón de Oro del 2008 todavía no ha dicho presente y al cuadro de Manchester le cuesta cada vez más imponerse a sus adversarios, llegando a encarrilar varias victorias por la mínima, algo que recuerda a un tal club de la capital de España. En otras palabras, que el espectáculo no se presenta en Old Trafford desde hace ya varios meses.
Hablando de espectáculo y emociones, nunca podemos tener en cuenta al Chelsea. La relación del club londinense con el buen juego se asemeja a la que mantienen la noche y el día: se encuentran una sola vez cada 24 horas y es para decirse adiós. No obstante, la crisis que actualmente vive el conjunto de Roman Abramovich, que incluso llevó a la destitución de Luiz Felipe Scolari, ha hecho que el plantel ahora dirigido por Guus Hiddink sea cada vez menos competitivo y sus jugadores, aquellos que en algún momento fueron considerados como supuestas estrellas mundiales, rindan a un nivel cada vez más bajo.
El caso del Liverpool es, como siempre, un tanto especial. Este año sí parecía el definitivo. Benítez había conseguido elaborar un grupo que practica un fútbol más ofensivo y agresivo y que tendía menos a la especulación. No fue más que un espejismo. Los meses pasaron y los reds vuelven a tener que echar mano del oportunismo de Torres y el coraje de Gerrard. Cuando alguno de los dos falla, todo se viene abajo. Mientras tanto, el soporífero United continúa alejándose.
La situación del Arsenal podría ser la más sencilla de analizar. El punto de inflexión que supuso la lesión de Cesc Fàbregas ha marcado, hasta el momento, la temporada de los de Arsène Wenger. La cuestión es que, a ese instante anterior a la caída en picado, los del Emirates llegaron en una muy mala posición. Van Persie, Adebayor, Nasri y el recién incorporado Arshavin parecen ser los únicos capaces de sacar a los gunners de esta crisis de juego y resultados.
Por otra parte, tenemos al Aston Villa, un gran equipo que viene demostrando en los últimos años que se merece algo más que disputar la Copa de la UEFA. Los ‘villanos’ son terceros, por encima del Chelsea, y sus encuentros sí han mostrado el nivel de intensidad y de juego rápido que se acostumbra a ver en la Premier. Los Young, Agbonlahor, Barry y compañía son claros candidatos a robarle al Arsenal, o al que se descuide, una de las plazas que dan derecho a disputar la Liga de Campeones del próximo año. Además, disfrutan y hacen disfrutar a los que los ven trabajar en el terreno de juego.
Dejando a un lado los problemas de los grandes y la falta de ambición de los mismos (que nos ha hecho ver como United, Liverpool, Chelsea y Arsenal empataban sin goles en una misma jornada, mientras que semanas después hacían lo mismo tres de los cuatro), el panorama resulta más desolador si cabe. El buen hacer de Everton y West Ham o el comienzo de campaña del “increíble Hull” son incapaces de hacernos olvidar el desastre del Tottenham, que todavía intenta recordar que la pelota debe ir a la meta contraria, el estrepitoso fracaso del poderoso Manchester City, la eterna crisis del Newcastle o la notoria bajada de nivel de algunos como el Blackburn, el Middlesbrough, el Portsmouth o el Bolton.
Todo ello, unido a ese nuevo estilo conservador y a esa “moda” de reforzar las defensas antes que los ataques, buscando más el orden que la portería contraria, pueden provocar que la respuesta a la pregunta que formulan desde The Guardian sea un “sí, es la Premier más aburrida de la historia”.
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¿La Premier más aburrida de la historia?