Un buen Dépor suma y sigue a costa de un pobre Atlético que se hunde

De entre todas las maneras que existen de perder, el Atlético de Madrid sufrió ayer la más dolorosa: de penalty y en el descuento. Y si a un final tan drámatico le sumas que empezaste ganando sin comerlo ni beberlo, que apenas has jugado al fútbol en noventa minutos y que tu rival no te ha rematado antes a pesar de las facilidades que le diste, el resultado es que el golpe final es de esos que duelen demasiado.
Quique Sánchez Flores salió con un 4-4-2 en el que Sinama formaba con Agüero en la vanguardia, dejando a Simao en el banquillo y desplazando a Jurado a la banda. En el minuto 3 un despiste de Lopo le dejó el balón al Kun, que cruzó el balón salvando la correcta salida de Aranzubía, para adelantar a su equipo. Desde entonces el Atleti se fue encogiendo hasta revelar su verdadero tamaño, el de un equipo empequeñecido.
Lotina, que vio el partido desde una cabina por su expulsión en la jornada pasada, sólo hizo un cambio en referencia al partido contra el Getafe, Lassad por un suspendido Sergio. Sin embargo la alteración en el equipo fue notable, porque viajó del habitual 4-5-1 a un 4-3-3 inédito, con Guardado haciendo un maratón por la izquierda y Mista un poco descolocado a la derecha. Con lo ocurrido ayer, Lotina ya ha ganado partidos con tres formaciones diferentes: además de las ya mencionadas, también lo ha hecho con un 4-4-2. Muy pocos equipos en España pueden presumir de lo mismo y en verdad es una cualidad admirable, porque le da al equipo variantes a las que recurrir si el planteamiento inicial no da los frutos esperados.
La defensa del Atlético es su mayor mal endémico. Cuando no es Ujfalusi el que da el cante, no faltan Pablo o Perea a su cita con lo vulgar. Ayer sólo se salvó el canterano Álvaro Domínguez, muy exigido por Riki, y si no fuera porque Asenjo es un porterazo y porque los delanteros del Dépor son mediocres de cara a la portería, el Atleti se hubiera llevado un buen carro de goles para el Manzanares. Sólo logró sacar la cabeza cuando Quique se dio por vencido y quitó a Sinama por Simao, lo que llevó a Jurado a su sitio. El Atleti mejoró, pero ya era un poco tarde: el Dépor no sólo había empatado (muy pronto, en el minuto 20) sino que se había hecho dueño del partido.
Los de Lotina son temibles a balón parado, suerte futbolística en la que siempre se imponen. Ayer, ante otro equipo de Primera al que le cuesta defenderse por alto, le remató todas las veces que colgó el balón. En un córner botado por Antonio Tomás (él si lo hace bien, no como Sergio), Juan Rodríguez, que se largó otro partidazo, al igual que Filipe, peinó el balón en el primer palo, habilitando a Colotto, que esperaba en el segundo y no perdonó.
A partir de ahí el Dépor se fue para arriba pero jugar con muchos delanteros no es garantía de gol, sobre todo en el caso blanquiazul. Tres mediodelanteros no suman ni uno bueno. Riki jugó como siempre: muy bien en la lucha y excelente de espaldas a la portería pero sin gol. Lassad más de lo mismo, parece un alumno aventajado del ribereño, y Mista, bueno, bien, no estuvo mal, pero de ahí a hablar de su resurrección como hizo El País esta semana… Ningún jugador del Dépor está entre los veinte más goleadores de lo que va de Liga y dudo mucho que entres sus cinco delanteros (Riki, Mista, Lassad, Bodipo y Adrián) sumen veinticinco tantos en toda la temporada.
Por su parte, el árbitro Paradas Romero fue arte y parte del encuentro. En la primera parte no vio penalty en un contacto claro sufrido por Riki, pero sí vio el consiguiente teatro del Once del Dépor, que se ha ganado a pulso una fama que le perseguirá el resto de su carrera, la de piscinero. En el segundo tiempo el error arbitral fue clamoroso, porque primero pitó penalty de Assunçao (qué recital de patadas del brasileiro…) sobre Mista, pero después anuló la jugada por fuera de juego cuando el balón venía de un jugador colchonero.
En el último suspiro Lopo andaba por el área atlética en busca de un postrero centro a cabeza, pero con lo que se encontró fue con un balón cruzado y raso que le puso Pablo Álvarez tras evitar in extremis que el esférico se perdiera por banda. El central catalán buscó el balón sin intención de rematar de primeras y el primo de Pablo metió la pierna a lo loco, derribando al defensa blanquiazul. El penalty no da lugar a la duda habiendo visto la repetición pero in situ los jugadores atléticos se volvieron locos; sobre todo el Kun, que obligó a Quique a introducirse en el campo para taparle la boca a un niñato que quiso pagar con el árbitro lo que es culpa de los suyos. Agüero comienza a sentirse como Fernando Torres en su momento, pero no tiene ni la nobleza de El Niño ni su amor por los colores.
El penalti lo transformó en gol Guardado que, como veníamos pidiéndole desde aquí, dio un paso adelante en beneficio de su equipo. Asumió la responsabilidad, se desentendió de la algarabía de protestas y no le temblaron las piernas ante Asenjo. En rueda de prensa, el propio Lotina hizo una mención especial sobre el mexicano y su atrevimiento al coger el balón a falta del especialista habitual, Sergio González.
El Atleti se hunde en la miseria. Seguirá una semana más en puestos de descenso, sumando sólo 7 puntos de 33 posibles, la mitad de los que contaba en la temporada que descendió, siendo el segundo peor inicio liguero de su historia. 13 goles a favor, 24 en contra y sólo una victoria en once partidos. Como no se ponga las pilas y comience a hacer puntos, otro añito en el infierno…
Foto | A Nosa Terra
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Un buen Dépor suma y sigue a costa de un pobre Atlético que se hunde