Una herida de 96 puntos

josemourinhorealmadrid.jpg Parece cuestión de tiempo, de que las agujas del reloj elijan el momento en el que se anuncie oficialmente que José Mourinho dirigirá al Real Madrid la próxima temporada y tres más. La ficha del portugués sería estratosférica: 10 millones de euros por ejercicio. El portugués levantó el sábado la Champions League y en unas horas puede levantar el ánimo de Florentino Pérez, que también espera la situación idónea para darle el finiquito a un Manuel Pellegrini al que a pesar de sus buenos números en el campeonato doméstico y que tenga a gran parte de la afición madridista a favor de su continuidad, hará las maletas.

El Real Madrid de este año me ha recordado, salvando las distancias, a Rafa Nadal. Un auténtico crack sobre la pista pero que coincidió en su eclosión con Roger Federer, posiblemente el mejor jugador de tenis de la historia. En cualquier otra situación el manacorí hubiese sido sin discusión el número uno mundial, pero al coincidir con el suizo su acercamiento al apogeo se hizo esperar más de la cuenta. Con el Real Madrid y el Barcelona ha sucedido algo similar: en cualquier otro año de la historia del fútbol, los 96 puntos cosechados por los blancos hubiesen valido una Liga, pero teniendo delante a un conjunto capaz de levantar en un año seis trofeos, el reto se hizo imposible. Sin embargo, que no se haya logrado este curso no implica que no se vaya a alcanzar nunca. Nadal es el ejemplo. Basta con creer, por no bajar los brazos. En el caso madridista, por crear un proyecto serio; a largo plazo, por qué no. Dejar a un lado las urgencias, los fichajes rimbombantes. Y apostar en serio por algo, por alguien.

El pasado verano llegó Florentino Pérez para hacer revivir los restos del naufragio. Consigo se trajo un abanico de estrellas, encabezados por Cristiano Ronaldo, Kakà y Benzemà en el que sólo ha brillado el portugués, fichaje más caro de la historia del fútbol. Se confió en Manuel Pellegrini porque José Mourinho dio calabazas, pero el tiempo ha demostrado que la confianza tenía fecha de caducidad en caso de no traducirse en éxitos. Y ésto es, títulos. El chileno, siempre comedido, ha tenido que lidiar con una prensa que le ha condenado desde el primer gran tropiezo, ante el Alcorcón. Está claro que una entidad como la blanca no puede permitirse caídas en picado como aquella copera, pero no hay nada peor que echar piedras sobre un mismo tejado cuando por delante se presentan los envites realmente trascendentes. Pellegrini, salvo marcha atrás de Valdano y compañía, se marchará sin haber cumplido el requisito que sí parece tener su sucesor, que, por otro lado, también ha tardado seis años y algún que otro fracaso en recuperar la hegemonía europea.

Porque José Mourinho, a pesar de llevar inyectado en vena el instinto ganador, no pudo ganar con el Chelsea la Champions League. Y eso que Roman Abramovich le hizo un equipo a medida. Y eso que el ruso tiró de talonario. Y pese a ello, en las vitrinas de Stamford Bridge echan de menos el trofeo más importante que el técnico portugués no pudo conseguir, a pesar de ser posiblemente el mejor que se ha sentado en su banquillo a lo largo de la historia. Nadie duda de la capacidad de ‘Mou’, pero si en Chamartín se vuelve a instalar la ansiedad, como ha ocurrido la recién finalizada campaña, es posible que el devenir del luso, si vienen mal dadas, sea similar al de su antecesor o al de otro experto en títulos sin fútbol espectacular como Fabio Capello, que también salió por la puerta de atrás pese a conseguir una Liga.

Me pregunto cómo un técnico con la ambición del portugués no aguanta una temporada más en Italia, donde podría completar el éxito abrumador que significa lograr seis títulos. Porque el Inter, al ser campeón de las tres competiciones más importantes a nivel de clubes que ha disputado optará, como el Barcelona, a lograr la Supercopa de Italia, la Supercopa de Europa y el Mundial de Clubes, algo de lo que sólo un técnico puede presumir hasta la fecha: Pep Guardiola. Quizá el reto de plantar cara a la escuadra blaugrana sea superior a ampliar un curriculum ya de por sí rutilante, pero en caso de decantarse por la oferta tentadora de Florentino Pérez, dejaría escapar una oportunidad que difícilmente (aunque no imposible) se vuelva a presentar a lo largo de su trayectoria.

Son las consecuencias de 96 puntos en balde. 96 puntos que no han valido para confiar en un proyecto, en un entrenador, en un ‘algo’ que sirva para estabilizar el club. No hay comunión entre directiva y técnico. Y las urgencias se aglomeran. Y con ellas toca tirar de nuevo de talonario. De entrenador nuevo, de nuevos y no baratos jugadores. De errores que con el tiempo no se aprenden a corregir. De una herida de 96 puntos que Florentino Pérez entiende que sólo José Mourinho puede cerrar.

En NdF | Tras el empate en Málaga, toca reflexión en el Madrid
Foto | Coach_J

Fuente: 
Una herida de 96 puntos

Copa del Mundo 2010 — (Grupo B) Argentina Mourinho ficha por el Real Madrid

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